Las intensas marejadas que afectan la costa salvadoreña han dejado severos daños en la playa de Acajutla y la comunidad La Coquera, en Sonsonate Oeste, donde al menos un centenar de familias han resultado afectadas y cerca de 70 viviendas y negocios presentan daños severos o han sido destruidos por completo.
Desde el pasado lunes, el fuerte oleaje ha golpeado de forma constante la zona costera, provocando que estructuras ubicadas a pocos metros de la playa desaparezcan bajo la fuerza del mar. Con cada marea alta, los daños continúan aumentando y las pérdidas económicas se vuelven más difíciles de cuantificar para las familias afectadas.
Durante un recorrido por la comunidad La Coquera era posible observar paredes derrumbadas, tablas dispersas, palmeras arrancadas y grandes cantidades de basura y escombros que el mar arrastró hasta las calles.
Entre los afectados se encuentra la familia Mancia. Miguel Ángel Mancia y sus nietos permanecían en la zona recogiendo lo poco que quedaba de un negocio que durante años funcionó a la orilla de la playa. Según relató, la familia logró retirar parte de los productos y pertenencias tras las alertas emitidas por las autoridades, pero la estructura del establecimiento fue destruida por la fuerza del mar.
En la playa Acajutla, la situación era aún más crítica para la familia Urbano. Laura Urbano explicó que el avance del oleaje terminó por destruir la vivienda donde residían tres familias, además del negocio con el que obtenían sus ingresos. Según relató, durante meses intentaron reforzar la protección de la propiedad ante el constante avance del mar, pero la fuerza de las olas destruyó el muro de contención y socavó el terreno hasta provocar el colapso de las estructuras.
“Lo que necesitamos es una casa. Somos tres familias que nos estamos quedando sin hogar y sin trabajo”, expresó uno de los integrantes de la familia mientras observaba los daños. Otro de los afectados es Raúl García, quien relató que perdió camas, muebles, ropa y electrodomésticos debido a que no tuvo tiempo suficiente para evacuar sus pertenencias. Según explicó, el oleaje permaneció constante durante varios días y nunca disminuyó lo suficiente como para permitirles rescatar sus bienes.
Los daños también alcanzaron negocios históricos de la zona. Propietarios de una pupusería con más de 40 años de funcionamiento señalaron que las paredes del establecimiento comenzaron a colapsar durante la mañana del miércoles debido al constante impacto de las olas.
