El expresidente de la República, Elías Antonio Saca, regresó a los juzgados capitalinos, pero esta vez sin custodia penitenciaria ni esposas. Entró por la puerta principal del Centro Judicial Isidro Menéndez, un día después de haber recuperado su libertad, junto a su exsecretario privado, Élmer Charlaix, quien también salió de prisión.
Con una camiseta azul, pantalón y zapatos café, el cabello entrecano y una sonrisa al responder los saludos de «buenas tardes, mucho gusto», Saca llegó al Juzgado Segundo de Vigilancia Penitenciaria para notificar que, después de diez años, estaba en libertad.
En el trayecto entre la entrada del centro judicial y el edificio C, donde funcionan los juzgados de vigilancia penitenciaria, varias personas se acercaron a saludarlo.
—¡Don Tony! —le dijo un hombre que esperaba sentado en una de las bancas y levantó el pulgar en señal de aprobación.
—¡Nos alegra! —añadió.
Saca respondió con un «gracias, gusto de saludarlo».
Otra usuaria que esperaba ser atendida le lanzó besos desde su lugar, mientras otro hombre le dio la bienvenida con un «nuestro futuro presidente».
El exmandatario, quien gobernó El Salvador entre 2004 y 2009, llegó a la sede judicial para cumplir con el requerimiento de informar sobre su libertad. Su abogado, Mario Machado, explicó a los periodistas que tanto Saca como Charlaix debían notificar al juzgado después de recibir sus cartas de libertad.
Ahora queda pendiente que la instancia judicial dé por finalizado el proceso penal, pues ambos cumplieron las penas impuestas tras un acuerdo con la Fiscalía General de la República (FGR), en un procedimiento abreviado.
A la salida del juzgado, Saca respondió a una periodista quien le preguntó cómo se sentía después de haber cumplido su condena.
«Dándole gracias a Dios, que ya recuperé mi libertad. Muchas gracias», respondió, antes de retirarse.
El expresidente abandonó el centro judicial entre risas. Desde el bulevar Tutunichapa, una mujer que se encontraba en el lugar comenzó a vitorear su apellido al enterarse de que había recuperado la libertad.
—¡Saca, Saca, Saca! —gritó la mujer mientras el exmandatario saludaba y abordaba una camioneta junto a su abogado y su exsecretario privado.
Antes de volver a los juzgados, Saca había reaparecido en las noticias tras cumplir diez años desde su captura, ocurrida el 30 de octubre de 2016, durante la boda de su hijo Gerardo Saca. Ocho años atrás, en septiembre de 2018, se convirtió en el primer expresidente salvadoreño condenado por delitos de corrupción, luego de confesar su participación en un esquema para desviar $301 millones de la cuenta de gastos reservados de la Presidencia.
El Tribunal Segundo de Sentencia de San Salvador lo condenó a cinco años de prisión por lavado de dinero y otros cinco por peculado, delito que consiste en apropiarse de bienes o fondos públicos.
En su confesión, Saca reconoció que su gobierno ideó un plan para apropiarse de $301 millones de la partida de gastos reservados, dinero que, según declaró, invirtió en sus empresas y utilizó para adquirir 28 propiedades.
También relató que buscó asesoría para saber qué hacer con los fondos sustraídos de las arcas del Estado y evitar que fueran rastreados. En su declaración señaló que los controles de la Corte de Cuentas de la República eran superficiales y que eso facilitó las transferencias de dinero a nombre de terceras personas.
La FGR confirmó su excarcelación el miércoles 28 de octubre, pero aclaró que los bienes decomisados por el tribunal continuarán bajo administración del Estado salvadoreño.
En septiembre de 2018, el tribunal ordenó que pasaran al Estado varias sociedades vinculadas al exmandatario, entre ellas Grupo Samix, Promotora de Comunicaciones, Radio Difusión El Salvador, Radio Difusión Usuluteca, Stereo 94.1 y ABC. También incluyó inmuebles en la urbanización San Mateo, la colonia Miramonte y la finca Linda Vista, en el cantón El Carmen, San Salvador.
Saca cumplió diez años de prisión el pasado 27 de octubre, según el cómputo que el Juzgado Segundo de Vigilancia Penitenciaria de San Salvador realizó en 2020. La resolución tomó en cuenta una decisión de la Cámara Mixta de Tránsito y de Vigilancia Penitenciaria que estableció que los dos años de condena por el caso Transes, en el que fue procesado por cohecho, debían contabilizarse dentro de la década de prisión y no sumarse a ella.
Mientras el expresidente volvía a las calles, su hijo hablaba tácitamente de la liberación en una transmisión en vivo en TikTok, desde su restaurante. El joven, que acostumbra realizar «batallas» con otros creadores de contenido en esa red social, durante la transmisión hizo comentarios alusivos la salida de prisión de su padre.
«Se siente un aire de felicidad en todo El Salvador… yo siento que por alguna razón El Salvador está bien feliz… yo siento una gran felicidad en el salvadoreño», expresó.
Aunque no mencionó inicialmente la excarcelación, los comentarios de los usuarios se concentraron en felicitarlo y compartir la alegría de su familia. En otro momento, reconoció que los últimos años habían sido difíciles para él.
«Siento que se me ha quitado un peso, de la cara me veo como de 18 años», dijo. Después añadió: «Han sido diez años muy difíciles, a mí hasta la cara se me ve diferente».
En una década, El Salvador ha cambiado y Saca pasó de ocupar la silla presidencial a cumplir una condena por corrupción. Sin embargo, en su regreso a la libertad encontró una bienvenida de varios salvadoreños y más de alguno que lo llamó «futuro presidente». Diez años después de su captura, Saca confirmó que su figura todavía despierta la simpatía entre algunos salvadoreños.
