El número de fallecidos por la masiva riada que golpeó el distrito de Rasuwa, al norte de Nepal, en la frontera con el Tíbet, se elevó a 359, informaron este jueves las autoridades nepalesas. El desastre ocurrió el miércoles tras el desbordamiento del río Bhote Koshi y afectó localidades de Nepal y el condado tibetano de Gyirong, en China. Las autoridades nepalíes reportaron además que 445 personas fueron rescatadas con vida, entre ellas 27 extranjeros.
En el lado chino, el último balance disponible registraba tres fallecidos y 558 personas desaparecidas o con las que se había perdido contacto en Gyirong, de las cuales 260 eran extranjeras.
Por otro lado, la enorme fuerza del corrimiento de lodo produjo vibraciones equivalentes a las de un terremoto de magnitud 5.1, según la televisión estatal china CCTV.
El Centro de Redes Sismológicas de China detectó a las 10:52 de la mañana del miércoles —hora local— un evento sísmico cerca del puerto fronterizo de Gyirong, justo cuando ocurrió el desastre.
Sin embargo, un análisis posterior determinó que no se trató de un terremoto tectónico, sino de un fenómeno sísmico provocado por el colapso de material en la superficie. La masa de lodo generó vibraciones similares a las de un sismo de esa magnitud.
El geólogo y alpinista español Jerónimo López, especialista en la región del Himalaya, advirtió que las labores de rescate y recuperación de cuerpos serán especialmente complicadas debido a la cantidad de lodo acumulado.
López explicó que las masas de lodo, una vez depositadas y consolidadas, son muy difíciles de remover, por lo que algunos cuerpos podrían no ser recuperados.
El experto también alertó sobre la posibilidad de nuevos fenómenos asociados al desastre, debido a que las laderas y el fondo de los valles aguas arriba permanecen desestabilizados.
Según López, los grandes deslizamientos en las montañas pueden bloquear temporalmente los cauces de los ríos y formar represas naturales inestables. Cuando estas barreras colapsan, pueden provocar nuevas riadas aguas abajo.
El fenómeno es frecuente en las grandes cordilleras, particularmente en el Himalaya, donde los enormes desniveles permiten que grandes masas de tierra, agua y rocas desciendan a gran velocidad.
El geólogo señaló además que el retroceso de los hielos y la degradación del permafrost —suelo permanentemente congelado— están contribuyendo a una mayor inestabilidad de las montañas.
Explicó que estos terrenos congelados ayudan a mantener unidos bloques y materiales en las laderas, pero su deterioro asociado al calentamiento está incrementando el riesgo de desprendimientos.
López recordó que durante su último viaje a Nepal incluso tuvo que suspender el ascenso a una montaña debido a los desprendimientos de piedras.
El especialista consideró que el riesgo también debe analizarse ante el crecimiento del turismo y de los alojamientos en zonas montañosas. A su juicio, es necesario evaluar los riesgos, ordenar el territorio y establecer accesos adecuados con apoyo de expertos.
La riada dejó una enorme cantidad de sedimentos y bloques de roca a su paso, lo que incrementó su capacidad destructiva y complicó las tareas de rescate en las zonas afectadas.
