La derechista Keiko Fujimori consiguió finalmente alcanzar la victoria presidencial en Perú tras cuatro intentos electorales, al imponerse por un estrecho margen al candidato izquierdista Roberto Sánchez en la segunda vuelta celebrada este mes. Con más del 99 % de las actas escrutadas, la líder del partido Fuerza Popular mantiene una ventaja superior a los 40,000 votos, una diferencia que la perfila como la próxima presidenta peruana para el período 2026-2031, a la espera de la proclamación oficial de los resultados.

La victoria marca el regreso del fujimorismo al poder después de 25 años de la salida de Alberto Fujimori de la Presidencia, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000 y cuya figura sigue generando divisiones entre los peruanos.

A sus 51 años, Keiko Fujimori se convertirá en la primera mujer elegida presidenta por voto popular en la historia del país. Su llegada al poder ocurre después de una década de inestabilidad política en la que Perú tuvo ocho presidentes en diez años, producto de constantes crisis institucionales y destituciones promovidas desde el Congreso.

El triunfo representa la culminación de una larga carrera política marcada por tres derrotas consecutivas en segundas vueltas presidenciales, además de procesos judiciales que la llevaron a permanecer cerca de año y medio en prisión preventiva entre 2018 y 2020.

La trayectoria política de Fujimori comenzó desde muy joven. A los 19 años asumió el papel de primera dama tras la separación de sus padres, durante el gobierno de Alberto Fujimori. Posteriormente estudió en Estados Unidos, donde formó una familia antes de regresar a Perú para liderar el movimiento político fundado alrededor del legado de su padre.

Durante las últimas dos décadas, la dirigente se consolidó como la principal figura del fujimorismo. En 2006 fue la congresista más votada del país y en 2016 logró obtener mayoría absoluta en el Parlamento, aunque no consiguió la Presidencia en aquella ocasión.

Su camino político también estuvo marcado por disputas familiares. Una de las más conocidas fue el enfrentamiento con su hermano menor, Kenji Fujimori, debido a diferencias sobre la estrategia para lograr la liberación de su padre, quien fue condenado por corrupción y delitos de lesa humanidad tras su extradición desde Chile.

A estas elecciones, Fujimori llegó con altos niveles de rechazo ciudadano. Diversas encuestas señalaban que cerca del 66 % de los electores no contemplaban votar por ella. Sin embargo, logró avanzar a la segunda vuelta con el 17.19 % de los votos válidos y posteriormente consiguió una ajustada victoria frente a Sánchez.

La futura mandataria enfrentará ahora el desafío de gobernar un país profundamente polarizado entre quienes consideran que el retorno del fujimorismo puede aportar estabilidad y quienes rechazan el regreso de una fuerza política asociada a algunos de los episodios más controvertidos de la historia reciente peruana.

Además de impulsar su agenda de gobierno, Fujimori buscará reivindicar el legado político de su padre, una figura que sigue siendo admirada por un sector importante de la población y cuestionada por otro debido a los casos de corrupción y violaciones a derechos humanos registrados durante su administración.

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