Cientos de trabajadores retomaron este jueves las calles del centro de la capital política de Bolivia para exigir la renuncia del presidente centroderechista Rodrigo Atahualpa Paz Pereira, quien reiteró su llamado al diálogo para poner fin a la convulsión social que lleva más de tres semanas.
Una oleada de protestas que también incluyen a campesinos, maestros y transportistas asedia a Paz Pereira, con apenas seis meses en el poder, en medio de la peor crisis económica del país andino en cuatro décadas.
Con sus cascos de trabajo y entre el ruido de petardos, mineros y obreros de fábricas marcharon en La Paz, cercada por bloqueos de carreteras que provocaron escasez de alimentos, combustibles y medicamentos.
Los manifestantes pasaron, sin incidentes, frente a los policías antimotines que resguardan con rejas y escudos la plaza de armas, donde está el Palacio de Gobierno. Violentas protestas dejaron el lunes unos 130 detenidos, según la Fiscalía.
«Nos está imponiendo una política neoliberal como en los años 80 […] Este gobierno no tiene capacidad de gobernar y es totalmente servil a las transnacionales», dijo a la AFP Cecilio González, dirigente obrero de 49 años.
En un intento por calmar la protesta, el presidente Paz nombró este jueves como ministro de Trabajo a Williams Bascopé, abogado de origen aimara, en reemplazo de Edgar Morales, muy criticado por el sector obrero.
«Las organizaciones sociales […] siempre tendrán el espacio de diálogo, de negociación en el gobierno. Invitamos siempre al diálogo», dijo Paz, quien el miércoles anunció que haría ajustes para tener «ministros con capacidad de escucha».
Al menos 47 bloqueos de vías se reportaron en siete de los nueve departamentos del país, según datos oficiales. Ayer, un contingente policial abrió una ruta en Cochabamba, tras lanzar gases lacrimógenos a manifestantes.
