El 20 de diciembre se cumple medio año del asesinato de los sacerdotes Javier “El Gallo” Campos Morales, y Joaquín “El Morita” César Mora Salazar, en Urique, Chihuahua. Tras más de 180 días de lo ocurrido, la situación de violencia no ha cambiado en la región.

Así lo denuncia la comunidad jesuita de la Sierra Tarahumara, misma que emitió un posicionamiento dirigido a las autoridades este 19 de diciembre. En él no solo exigieron atender la impunidad que rodea el caso, sino también hacer frente a la inseguridad que asedia la Sierra Tarahumara.

“Hacemos un llamado a las autoridades de los tres niveles de gobierno para que se revise la estrategia de seguridad pública de la región y se adopten todas las medidas de protección para salvaguardar los derechos de las víctimas, pues continúan los asesinatos, las extorsiones, la tala clandestina y los desplazamientos forzados”, se lee.

En este sentido, la orden religiosa solicitó al gobierno evaluar la situación de seguridad local y diseñar un plan de “restablecimiento de las condiciones de paz” a largo plazo que implique garantizar el buen ejercicio de la función pública y la coordinación interinstitucional.

Y es que el 20 de diciembre de este año, se cumplen seis meses de los hechos perpetrados en la comunidad de Cerocahui, cuando tres personas fueron asesinadas con arma de fuego dentro de un templo religioso de la región.

Dos de las víctimas eran sacerdotes jesuitas, mismos a quienes les arrebataron la vida, esto tras intentar auxiliar a un guía de turistas de la región, quien era buscado por un grupo de hombres armados. El escenario de estos hechos fue la iglesia ubicada en el pueblo de Cerocahui.

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Por estos delitos, se ha señalado como presunto responsable a José Noriel Portillo Gil, alias el Chueco, lugarteniente del Cártel de Sinaloa y supuesto líder criminal del grupo delictivo “Gente Nueva”, sin embargo, hasta el momento el sospechoso aún no ha sido podido ser aprehendido. Al respecto, la comunidad de jesuitas ha sido tajante:

“La paz solo será posible en la medida en que haya una justicia expedita y real. La indiferencia y el silencio no son una opción y las muertes piden ser escuchadas”, señala el comunicado.

Así, la comunidad reiteró que continuará levantando la voz para exigir justicia y reiteró su respaldo al pueblo rarámuri: “Optamos por la memoria y resistiremos junto”, aseguran en su posicionamiento.

Sin embargo, reiteraron que la realidad actual de violencia “no es una novedad” y la Sierra Tarahumara atraviesa, desde hace muchos años, por una situación de inseguridad y violencia que no ha sido atendida de forma adecuada por las autoridades, pues a la fecha no han encontrado la prometida “justicia pronta”.

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