La novia del acusado, también detenida, se habría encargado de coquetear con la víctima para que su pareja lo fusilara. Un celular abandonado en un auto fue la clave.

“Flako” o “Flakito” tiene 23 años y fue acusado este lunes en Rosario por haber participado de la balacera a un policía durante una persecución el 27 de mayo pasado. También por haber asesinado de 20 tiros al día siguiente a Ángel Ocampo en pleno centro de la ciudad. Por ese crimen también fue imputada su novia. La joven se habría encargado de seducir a la víctima y acordar un encuentro sexual como carnada para luego fusilarlo.

Sebastián Antonio Coronel, alias “Flako” o “Flakito” como lo llama su novia vía mensajes de Whatsapp, fue imputado por la fiscal de Homicidios Dolosos Gisela Paolicelli por una gran cantidad de delitos: el ataque al agente motorizado Gabriel Sanabria, el asesinato, por tenencia ilegal de seis armas de guerra y por haber usado y ocultado vehículos robados.

La caída de “Flakito” se dio por varias cuestiones, de acuerdo a la investigación: su novia Nadin Martínez se dejó su celular dentro del auto usado para el crimen y abandonado a las dos cuadras tras un choque. Y el teléfono la delató, ya que contenía los chats que contenían la coordinación con su pareja para ejecutar el asesinato.

Además, en el auto utilizado para matar a Ocampo se secuestraron vainas servidas y el gabinete criminalístico levantó huellas dactilares de Coronel, según informó la fiscal Paolicelli en conferencia de prensa después de la audiencia en la que Coronel quedó preso por decisión de la jueza María Isabel Mas Varela.

Por tareas investigativas llevadas adelante por la División de Inteligencia de la Agencia de Investigación Criminal se llegó a testimonios que afirman que Coronel trabaja para Matías Nicolás “Pino” César, uno de los miembros de Los Monos que fue condenado en septiembre del año pasado por atentados contra domicilios de jueces y edificios judiciales.

César actualmente cumple una pena de 20 años de cárcel por esos hechos en el pabellón 8 de la cárcel de Piñero. “Flakito”, según investigadores policiales, sería el encargado de cometer balaceras y de reclutar gatilleros para él. En ese marco, se investiga si Coronel opera a través de “Los Picudos”, una presunta banda integrada principalmente por adolescentes que realizan crímenes por encargo y ataques a tiros.

Dos de los presuntos miembros de “Los Picudos” ya se encuentran presos por la balacera al policía Gabriel Sanabria: son Hugo G., alias “Picudito” (17 años), y Lucas Javier R., alias “Cato” (16).

Los indicios que lo vinculan con el ataque al policía

La fiscal Paolicelli hiló varias informaciones para presumir que Coronel fue uno de los ocupantes de un Peugeot 206 desde el que balearon al joven policía motorizado.

Entre las pistas, ponderó que después del hecho, los ocupantes del vehículo se escondieron en su casa de Hungría y Ayacucho, en barrio Molino Blanco, en la zona Sur de Rosario; y que en ese domicilio a su madre Mariana Meyer y su pareja Brian Brito –imputados en la causa– le secuestraron dos pistolas, una UZI de fabricación casera y una ametralladora PAM, que habrían sido las usadas para el ataque.

Pero también Paolicelli enfatizó que después de herir al agente, Coronel mantuvo un diálogo telefónico de 79 segundos con su mamá, mientras la antena del teléfono del sospechoso marcaba que se desplazaba desde la zona Sur de Rosario hacia la zona Norte de la ciudad. Casualmente, el miércoles pasado lo detuvieron en Gallo al 1600, en el distrito norte.

Además, “Flakito” posteó historias en su cuenta de Instagram con la UZI de fabricación casera y la ametralladora PAM antes de que baleen a Sanabria, por lo que se sospecha que podrían ser sus armas las que se utilizaron para ese hecho.

Un encuentro sexual, la carnada para un crimen con sello narco

Con su madre y su pareja recientemente detenidos por el ataque al policía Sanabria, Coronel planeó participar en un crimen junto a su novia Nadin Martínez.

En la madrugada del sábado 28 de mayo, un Nissan Sentra mató de múltiples disparos a Ángel Ocampo en la esquina de Dorrego y Tucumán, zona muy transitada de Rosario y con muchos comercios. Los ocupantes del auto eran tres, según la acusación, y chocaron a las dos cuadras, en Moreno y Catamarca, contra un taxi.

Los tres sospechosos se bajaron del Sentra y continuaron la fuga a pie, según el taxista, que precisó que eran dos muchachos y una joven, que corría descalza. Minutos después, la misma Policía abocada a la escena del crimen se dirigió al choque, ya que dentro del Nissan había vainas servidas, un celular, calzado femenino y huellas dactilares (que eran de Coronel).

El teléfono era de Nadin. Y después de haber accedido, la fiscal Paolicelli llegó a dos conversaciones claves: la que tuvo la joven con su novio Sebastián Coronel, y la que mantuvo con Ocampo, a quien emboscaron.

En primer término, Nadin Martínez comenzó a coquetear con Ángel Ocampo en la tarde del viernes 27 de mayo. Pero en la madrugada del día siguiente avanzó con la coordinación de un encuentro en un motel de la zona de la terminal de ómnibus para concretar una supuesta relación sexual. “El que está a la vuelta de la terminal me parece. Otro no sé, pero yo quiero con jacuzzi, con todo”, le dijo la joven a la víctima.

En paralelo, Martínez hablaba con su novio Coronel, quien le comentó estar afectado por la detención de su madre por el ataque al policía. Sin embargo, le agregó en relación al crimen que iban a cometer: “Voy a despejarme un toquecito. De acá hasta que se haga todo y le vamos a mandar”.

Cuando Coronel le comentó que iba a estar en el auto desde el que se iban a realizar los disparos a Ocampo, la joven le respondió: “¿Posta que vas conmigo? Me quedo más tranquila que vas a estar vos porque a los otros no los conozco. Ya veo que son capaz de pegarme a mí (un disparo)”.

Mientras Nadin Martínez le explicaba a su novio que Ocampo estaba “caliente como una pava” con ella, la mujer le indicó a la víctima que se estaba por tomar un taxi en el macrocentro para ir a buscarlo y luego ir al motel.

Como Ocampo se estaba por quedar sin batería en el teléfono le expresó que vestía una campera negra y que se iba a quedar esperándola en Tucumán entre Dorrego y Moreno. Finalmente, Nadin llegó en el auto, pero lo único que se consumó fue el brutal asesinato de Ocampo, que alcanzó a pedir auxilio a dos jóvenes que salían de un boliche.

Los dos muchachos que lo asistieron declararon ante la fiscal que Ocampo les pidió que tiraran lejos de él la riñonera que llevaba puesta, y que tomaran su teléfono y llamaran a su supuesta “chica”, que eran Nadin. El celular no pudo ser utilizado, ya que estaba sin batería. Y en la riñonero después se secuestraron seis envoltorios de cocaína, que es, hasta acá, una posible hipótesis: la de un ajuste narco por venta al menudeo.

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