25 septiembre, 2021

Thiem despide al legendario Federer

El austriaco se impone en un maravilloso partido (3-6, 7-6 y 6-4, en 2h 10m) y apea al suizo, que dispuso de dos bolas de partido y encandiló con una ofensiva transgresora. Se medirá a Djokovic en semifinals.

A los 37 años, sí, a los 37, Roger Federer planifica una revolución que para la inmensa mayoría sonaría a locura: sin pisar la arcilla desde hace tres cursos, cuatro en Madrid, el suizo rompe todos los esquemas. No solo vuelve, sino que desafía al sistema e intenta reventar las reglas. Como si estuviera en su jardín de Wimbledon o en el cemento de Melbourne o Nueva York, el suizo no especula ni aguarda, ni se ahorra una sola flecha. Encarnado en una suerte de William Wallace con raqueta, aborda desde la primera bola como si no hubiera un mañana. Lancea y aprieta sin parar, abordaje continuo, hasta que Dominic Thiem proceso el golpetazo y se levanta: aquí estoy yo, brindemos por el tenis, de tú a tú. Que gane el mejor.

Y esta vez, después de un fabuloso espectáculo que puso en pie a las 12.500 personas que abarrotaban la central de la Caja Mágica y las hizo disfrutar sin parar, pura bacanal, fue el austriaco. 3-6, 7-6 y 6-4, después de 2h 10m. Tremendo lo de Thiem, no menos lo de Federer; perdió el suizo, pero enamoró en su retorno a España. Cayó él, sonrió el adversario y, sobre todo, ganó el aficionado.

De entrada, Federer propuso el mismo planteamiento kamikaze que le permitió sobrevivir ante Gael Monfils en la ronda previa. Como si jugara en Londres, sobre el verde, planteó descaradamente una ofensiva de saque y volea que desconcertó a Thiem, ya fuera con primeros o segundos. Se lanzó a la red a pecho descubierto, sin miramientos, atosigando al rival y deslumbrando al personal, que se frotaba los ojos porque lo que para el resto es una osadía utópica para el de Basilea entra dentro de la normalidad. Su idiosincrasia va aparte, está en otra esfera. Se rige por su propia ley.

Se corrigió respecto a la ronda anterior, sirviendo esta vez como los ángeles, y le bastó una rotura al segundo juego para adjudicarse el primer parcial en 29 minutos. Ocurre que enfrente estaba Thiem, un formidable jugador que cada vez tiene más empaque y va construyendo una mente cada vez más rocosa, objetivo indispensable para acometer el himalayesco reto de destronar algún día a Rafael Nadal en París. Al austriaco le sobran agallas, ha pulido el físico y está blindando la cabeza. Así se repuso y así se rebeló. Le habían atropellado, pero ya no se parte en dos.

Por algo es uno de los cinco que presentan un balance positivo (4-2) habiendo disputado más de cinco partidos ante el rey Midas; los otros son Novak Djokovic (25-22), Nadal (23-15), Yevgeny Kafelnikov (4-2) y Àlex Corretja (3-2).

No solo no se inclinó, sino que respondió con la palma abierta. Y eso que Federer abortó un 0/40 en el sexto juego. Se le esfumó la oportunidad y luego vino el maravilloso lío del tie-break, de poder a poder, un delicioso tuya-mía (13-11) que finalmente cayó a su favor, a la sexta opción de llevarse el set, cuando antes el suizo no había logrado convertir dos puntos de partido. Regocijo en la grada, más fiesta, más tenis, más y más reveses a una mano. ¡Más madera, es la guerra!

La resolución de la tarde siguió por los mismos parámetros, aunque Federer comenzó a perder brío y su movilidad ya no era la misma. Pese a todo, el intercambio de golpes fue parejo y el pulso se decidió en la foto-finish, después de otra montaña rusa de emociones. Quebró Thiem en el tercer juego, a su novena opción de break, y replicó Federer en el octavo; sin embargo, el austriaco se la devolvió otra vez y dejó a Madrid sin la leyenda viviente. Selló su pase a las semifinales, en las que se batirá (16.00, #Vamos) con Novak Djokovic, que ni siquiera tuvo que saltar a la pista porque a Marin Cilic también le atrapó el virus estomacal que deambula por la Caja Mágica estos días.

Venció Thiem, se marchó el gran Federer y gozó la gente como hacía mucho que no lo hacía. Vaya que si gozó. Madrid ya cuenta los días para volver a ver al rey.

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