27 octubre, 2020

Incertidumbre ante sucesor de magistrada Ruth Bader en Estados Unidos

La muerte de la icónica magistrada Ruth Bader Ginsburg ha provocado un terremoto político en los Estados Unidos. No solo perdió la Corte Suprema de ese país a una luchadora incansable por los derechos y libertades fundamentales, y una férrea luchadora por las mujeres, sino que su fallecimiento abrió un nuevo capítulo de confrontación en una ya polarizada temporada electoral.

Según el sistema estadounidense, los magistrados de Corte Suprema sirven de manera vitalicia y al morir o renunciar, el presidente debe nominar a quien considere apto. Esto luego pasa al Senado, donde se sostiene una serie de audiencias y se ratifica -o deniega- el designio presidencial.

El presidente Donald Trump ha afirmado que quiere nominar al sucesor, o sucesora, de Ginsburg tan pronto como esta semana. Y no hay nada que le impida remitir su opción al Senado, donde además su partido tiene mayoría.

Sin embargo, hay un precedente incómodo para los republicanos. En 2016, a 8 meses de la elección presidencial, falleció el magistrado Antonin Scalia, dejando abierta la puerta a que el entonces presidente, Barack Obama, nombrara a un sucesor.

Sin embargo, el líder republicano del Senado, Mitch McConnell, bloqueó la selección que en ese momento hizo Obama, pues afirmó que con el poco tiempo que quedaba para las presidenciales, era importante que los votantes tuvieran una opinión sobre quién nominaría al próximo magistrado. Esta fue una apuesta ganadora. Fue gracias a esto que Obama no pudo llenar la vacante de Scalia y que Trump, al tomar posesión de la Casa Blanca, tuvo la oportunidad de nominar a Neil Gorsuch como magistrado de la máxima corte de su país. 

Cuatro años después, ante una situación similar, la lógica de McConnell cambió. Este senador que representa a Kentucky y quien ha sido un férreo defensor de Trump está ahora entusiasmado con darle celeridad al trámite y permitir que el presidente nombre ya a quien sustituya a Ginsburg. A menos de 50 días de las elecciones. 

Si bien es claro el cambio, él ofrece una justificación. Dice que, a diferencia de 2016, en este año la mayoría del Senado y la presidencia las controla el mismo partido. Tras las elecciones de medio término de noviembre de 2018, los republicanos ganaron 53 escaños de los 100 disponibles en el Senado. Para confirmar o rechazar a un candidato a la Corte Suprema se requiere una mayoría simple, es decir, 51 votos. 

El camino, sin embargo, no parece allanado para las intenciones de Trump y McConnell de llenar la vacante de manera expedita. Al menos 3 republicanos han manifestado estar en contra de acelerar el proceso. Dos senadoras, Susan Collins y Lisa Murkowski, se pronunciaron en contra de una elección rápida después de la muerte de Ginsburg el pasado viernes.

“Dada la proximidad de la elección presidencial, no creo que el senado deba votar (por un posible sustituto a Ginsburg) antes de la elección. Es justo para los estadounidenses, que tienen la opción de reelegir al presidente o votar por uno nuevo, que una decisión para un juez vitalicio se haga por el presidente que resulte ganador el 3 de noviembre”, manifestó Collins, senadora republicana del estado de Maine.

Adicionalmente, el senador republicano Charles Grassley de Iowa dijo en julio de este año, y ante el prospecto del fallecimiento de la magistrada, que no estaría de acuerdo, pues en 2016 se opuso a acelerar la elección del sucesor de Scalia. Si él mantuviese esta postura, al igual que Collins y Murkowski, se cae la pretensión republicana de llenar la vacante antes de la elección.

Según un reporte preliminar del Washington Post, hay 21 republicanos en el Senado que están listos para proceder con la elección y 29 no han sentado una postura clara.

Por: Irvin Pineda.

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