28 septiembre, 2021

El Congo, un país donde 48 mujeres son violadas cada hora

A woman cries outside the morgue after she identified a relative in Goma, capital of Democratic Republic of Congo's eastern North Kivu province April 16, 2008. A Congolese airliner crashed into a market district in the eastern city of Goma on Tuesday, killing at least 33 people and injuring 80, the government said. REUTERS/Stringer (DEMOCRATIC REPUBLIC OF CONGO)

«El sexo con ella era como pelear. No me importaba la ropa que estaba usando, solo le arrancaba todo».

Quien hace esta afirmación es Moises Bagwiza, un hombre de República del Congo que ahora reflexiona con pesar sobre su pasado.

Y sus relatos de cómo trató y violó a su esposa, Jullienne, son sinceros, gráficos y perturbadores.

En un modesto bungaló en el tranquilo pueblo de Rutshuru, en el este de República Democrática del Congo, Bagwiza recuerda un ataque en particular cuando su esposa estaba embarazada de cuatro meses.

«Me di vuelta y le di una pequeña patada en el estómago», cuenta, mientras describe que ella cayó al suelo y estaba sangrando. Los vecinos preocupados la llevaron rápidamente al hospital.

¿Su crimen? Jullienne había estado secretamente ahorrando dinero para los gastos del hogar a través de una organización local de mujeres.

Antes del ataque, ella se había negado a darle dinero a su marido para un par de zapatos.

«Es cierto, el dinero era suyo», dice Moises Bagwiza. «Pero como saben, hoy en día, cuando las mujeres tienen dinero se sienten poderosas y lo demuestran».

Ideales tradicionales de virilidad

Este resentimiento se encuentra en el corazón de lo que algunos llaman una crisis de la masculinidad africana moderna.

Durante siglos, los hombres fueron educados con ideas claramente definidas de lo que significa ser un hombre: fuerza, indiferencia emocional, protección, y ser el proveedor de su familia.

Pero la evolución de los roles de género, incluido un mayor empoderamiento femenino, combinado con los altos niveles de desempleo masculino, está frustrando la capacidad de los hombres de vivir de acuerdo con esos idealestradicionales de virilidad.

Y para algunos hombres como Bagwiza, una mujer que tiene independencia financiera representa una amenaza existencial que los lleva a la crisis.

Él sintió que la violencia era la única manera de comunicarse con su esposa.

«Pensé que me pertenecía», asegura. «Pensé que podía hacer lo que quisiera con ella. Cuando volvía a casa y ella me preguntara algo, la golpeaba».

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